Quienes convivimos con animales sabemos una gran verdad: ellos no son mascotas, son familia, seres sensibles y profundamente sabios que respiran nuestra misma energía.
Dime si te identificas con alguna de estas situaciones:
¿Notas a tu perro o gato ansioso, con miedos inexplicables o sufriendo ansiedad por separación cuando te vas de casa?
¿Está atravesando una enfermedad, dolores físicos o recuperándose de una cirugía, y te duele sentir impotencia por no poder aliviar su malestar?
¿Es un animal rescatado que ha sufrido maltrato y le cuesta volver a confiar y relajarse en su nuevo hogar?
¿Sientes que tu compañero absorbe tus propias tristezas, tu estrés o tus tensiones familiares?
Si respondiste que sí a alguna de estas preguntas, estás en el lugar indicado. Ellos no necesitan que los "curemos" desde la exigencia, necesitan que los escuchemos.